Dulce Navidad

Esta mañana muy temprano, leí en el feisbuc un comentario de Gez (recuerdan a mi amigo Diego Gez periodista de la revista THC?) sobre la navidades, decía exactamente lo que dice en la foto:

Me quedé pensando bastante en esta sentencia, sin saber muy bien porqué, pero se ve que algo dentro mío se sacudió, primero fueron dos canciones las que vinieron a mi loca cabecita, una de mi antigua banda Los diez mil Expedicionarios, que se llamaba “Ella ríe”, una belleza de tema que decía algo así como:
“Ella ríe borracha por las calles, como si fuese su propia navidad”
Una imagen muy fuerte, la música acompañaba la letra con una potencia imaginativa y una cadencia repetitiva in crescendo (prometo que cuando me amigue con las viejas tecnologías, esto es conseguir un reproductor de casetes, voy a subir esta canción).
Por otro lado me sonaba la canción de Attaque 77, Papá llegó borracho” del primer disco “Dulce navidad”, no es un tema extraordinario, salvo por la letra y por la época (en aquellos años sonaban los attaque en el sótano de la calle Venezuela al 300, el viejo Parakultural. En noches de calor y humedad, conseguían con pocos recursos y el hábil manejo de la consola hecho por el El Pulpo, un sonido denso, con la batería de Leo al frente, las guitarras al extremo, poderosos, compactos y autenticamente convencidos de lo que hacían, inolvidables!!).
Aquí el tema, después de escucharlo sigo escribiendo, mal que les pese.

En realidad las cosas navideñas se venían removiendo dentro mío desde hace un tiempo, la imagen de un chico descalzo en la esquina de Avellaneda y Alberdi, me fue transportando en el tiempo a otras navidades más lejanas y más tristes, en la que había un tren, el día 24 de diciembre y que sobre ese tren viajaba yo de regreso a mi casa, un tren como son los del roca (seguirá llevando ese vil nombre a pesar de haber sido bautizado con presuntuosidad), sucio, abandonado, las manchas negras y pegajosas en el piso, las caras de nosotros, los pasajeros, cansados, volviendo a casa en una víspera de navidad y un chico, sobre todo ese chico, que vendía juguetes en el pasillo del vagón, unos juguetitos baratos, de dos pesos, traídos en el vendaval de inútiles cachivaches orientales que nos atropellan desde hace años. La carita del chico en cuestión estaba inflamada tratando de explicar las bondades de llevar un regalo a la casa del posible comprador para su hijo, pero creía yo adivinar, trataba de decir que él sería feliz si alguien le llevase un juguete esa noche y no tuviese que ser él el que salía a venderlos.
Con amargura miré mis bolsillos flacos, hubiese querido comprarle todos esos juguetes para que pudiese ir a su casa, con sus posibles hermanos y tal vez tuviese una chance de una navidad diferente.
Seguro no fue así, ni esa ni las subsiguientes.
Ese chico que no logro olvidar vive hoy en este otro niño rosarino que pedía unas moneditas por favor en vísperas de una nueva navidad…y sí Diego…yo también odio la navidad

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One comment

  1. DG · diciembre 22, 2009

    Marc,
    Gracias por tus comentarios. Cuando perdí la inocencia, perdí a la Navidad. Lo siento por muchos, pero no puedo tomarme la fecha como una celebración o bacanal solo para darle rienda suelta a la gula. Si se supone que la fecha tiene un significado, realmente hace muchos años que no encuentro ninguna familia que lo rescate. Y cuando todo se resume en “comer, comer y comer” el no sentido se perpetúa. Lo siento, odio a la Navidad…
    Abrazoom!
    DG

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